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Cuba, en las puertas del imperialismo

PEDRO SILVERIO ÁLVAREZ

“POR CUANTO: Los cambios que tienen lugar en la economía nacional como consecuencia de la actualización del modelo económico cubano regido por los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aconsejan revisar y adecuar el marco legal de la inversión extranjera… para ofrecer mayores incentivos a esta y asegurar que la atracción del capital extranjero contribuya eficazmente a los objetivos del desarrollo económico sostenible del país y a la recuperación de la economía nacional, sobre la base de la protección y el uso racional de los recursos humanos y naturales y del respeto a la soberanía e independencia nacionales.”

Ley de Inversión Extranjera de Cuba

Raúl Prebisch y otros intelectuales no solo de América Latina -Dos Santos, Gunder Frank, Cardoso, y otros- desde los años 40’s explicaban el subdesarrollo a través de la teoría de la dependencia. La relación centro-periferia solo favorecía a los países industrializados, mientras los países del tercer mundo se veían condenados a ser simples suplidores de materias primas.

De este enfoque surgió, en el marco de la teoría marxista, la genialidad del modelo de sustitución de importaciones, adoptado y promovido por la CEPAL, de la que Prebisch fue su Secretario Ejecutivo durante trece años a partir de 1950.

El subdesarrollado era una consecuencia de la «explotación imperialista», por lo tanto era necesario cerrar las economías domésticas a la influencia del capital extranjero. Y por varias décadas la inversión extranjera era símbolo del poder imperial, y los movimientos de izquierda las tenían como un referente para sus luchas reivindicativas. No ignoramos el hecho de que muchas multinacionales se involucraron en actividades políticas domésticas y hasta conspiraron contra gobiernos legítimamente elegidos, lo cual es condenable desde cualquier punto de vista.

Eso ocurría en América Latina, menos en Cuba. Hecha la revolución, el bloqueo norteamericano sirvió como excusa para explicar el estancamiento de una revolución que nunca dio respuestas a los problemas de pobreza.

Por el contrario, todos los cubanos fueron igualados en la pobreza, excepto la cúpula del Partido Comunista. Había una especie de paradoja: el imperialismo originaba subdesarrollo en Latinoamérica, a la vez que la falta de imperialismo –o bloqueo económico- causaba el subdesarrollo cubano. Ahora resulta que es posible negociar con el Imperio. Y no podía ser de otra manera.

El modelo cubano solo es viable en una relación parasitaria con otro Estado. Derrumbada la Unión Soviética, la economía cubana quedó a la deriva, en tanto se incrementaba extraordinariamente el número de cubanos que estaban dispuestos a arriesgar sus vidas –muchos la han perdido- para huir de la utopía socialista. Una repetición de la experiencia vivida en los países socialistas del Este de Europa. Pero el innecesario bloqueo a Cuba puso en manos de sus líderes una excusa para cohesionar social y políticamente a su pueblo.

Hoy día Cuba depende de Venezuela, que es como multiplicar por dos la vulnerabilidad de dos naciones que miran hacia el abismo como una posibilidad real. Por lo que Cuba está dispuesta a jugarse una última carta: la carta del imperialismo del norte. En este contexto, se abren las negociaciones que han comenzado con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el intercambio de «héroes». Y se espera que culmine con el levantamiento del bloqueo, lo que pudiera tomar más tiempo del que muchos quisieran, incluyendo a los cubanos.

Sin embargo, el gobierno cubano ya ha ido creando el marco regulatorio para atraer a los inversionistas extranjeros. En línea con este objetivo, el 29 de marzo del presente año fue promulgada la Ley de Inversión Extranjera en Cuba, con unos incentivos que indudablemente serán de gran tentación al capital extranjero.

Por ejemplo, el artículo 35 de la citada ley dice que “se exime del pago del impuesto sobre los ingresos personales, a los inversionistas extranjeros socios en empresas mixtas o partes en contratos de asociación económica internacional, por los ingresos obtenidos a partir de los dividendos o beneficios del negocio”.

Asimismo, en el artículo 36 se estipula que el impuesto del 15% a las utilidades queda exonerado por un período de ocho años, pudiendo ser renovado por el Consejo de Ministros. Estos son algunos ejemplos de la generosidad fiscal contemplada en esa ley de inversión extranjera. Los villanos de ayer pueden adquirir hoy la categoría de héroes, pues ahora se reconoce que el capital extranjero puede contribuir “eficazmente a los objetivos del desarrollo económico sostenible del país y a la recuperación de la economía nacional.”

Nuestro país debe estar atento a los cambios que están ocurriendo en Cuba, pues se trata de dos economías con potenciales muy similares. Y esas similitudes solo conducen a una mayor competencia entre ambas islas en busca de los capitales externos. Ciertamente, se abren nuevas oportunidades comerciales para el empresariado dominicano, pero esas mismas oportunidades se abren para otros inversionistas de la región y del mundo. Cuando las puertas del Imperio se abran completamente el son cubano podría tener otro sabor.

PUBLICADO / DIARIO LIBRE

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